Poco a poco se va viendo la luz…

No puedo con mi alma. El trabajo y los preparativos de la boda, van a acabar conmigo pero, pese a que no me va a llegar mi vestido y otras peripecias varias, creo que las cosas van por buen camino. Si, me siento algo optimista y eso es en parte gracias a la Asociación de Vecinos de El Rabal de Villena que el domingo nos tranquilizaron y apoyaron en todo lo que falta por cerrar para nuestra boda.

El pasado domingo fue un día intenso, muy intenso, pero también muy chulo. La expedición Caballero – Biot – Aparicio emprendió el viaje hacia la conquista de Villena.

La primera parada la hicimos en la comparsa Rey Rodrigo. De allí es el flamante traje del novio y la misión era que los padrinos (si, sé que son los testigos, pero la otra palabra me gusta más…) encontraran su traje.

Es curioso, y con esta boda me estoy dando cuenta, que hay veces que el destino te llama. Ese objeto, ese regalo o ese traje que es idóneo para la ocasión, te aparece delante de los ojos y no tienes dudas, sabes que es lo que estabas buscando; como un amor a primera vista. Justo eso le pasó a Apa con su traje y la historia se repitió en domingo con mi hermano y Mari. Ese traje que era de su estilo, el que les pegaba, fue justo el primero que vieron y del que, en parte y aunque suene romántico, se enamoraron.

Primera misión cumplida. Después de perdernos, meternos por direcciones prohibidas y demás trambolidades circulatorias, llegamos al barrio de El Rabal. Jiji Que Toni y Mari era la primera vez que venían??… Pues tocaba hacerles subir al castillo por una de las escaleras más empinadas. Arriba, en el patio de armas, el sitio les encantó y, aunque ya venían motivados del tema vestuario, se motivaron aún más cuando vieron el escenario donde se celebraría la boda.

El Castillo de Villena es espectacular, las vistas increíbles y, cuando esté decorado como lo hacen los vecinos y creo que es Virtu la que tiene más mano en eso, va a quedar espectacular (iba a decir puede pero es que sé que va a quedar genial).

Después de hacer turismo, nueva parada preparatoria en el restaurante de la boda. ¡Por Dios! Pero que buena mano tienen en el Restaurante La Jaima; nos pedimos el menú, Toni y yo arroz a banda, Mari pechuga y Apa codillo, y salimos de allí que no nos podíamos ni menear. ¡Qué bueno todo!
Después de cerrar algunos detalles que no desvelaremos para que haya algo de sorpresa, al menos en lo que vamos a cenar ese día, sólo nos quedaba na última parada: conocer y hablar con los encargados de la organización de las fiestas.

Isabel y Virtu nos estaban esperando, y lo hacían con una gran sonrisa; pese a los pocos días que quedan, lo ocupadas que están con la organización de las Fiestas del Medievo, y teniendo en cuenta que esto lo hacen por amor al arte, se implicaron totalmente en ayudarnos en todo lo necesario. Mientras Isabel hablaba con Apa y lo tranquilizaba un poco, pues “Está muy nervioso, eh!” era lo que comentaban. Virtu y yo repasábamos, minuto a minuto, el planing de la boda: pasacalle, ceremonia, casamiento… No se podía dejar nada a la imprevisión. La verdad es que es muy de agradecer, sobre todo para alguien como yo dedicada al tema eventos, encontrarte con personas tan profesionales y que te ayuden tanto. La tetería Cabaret, que se encuentra justo bajo de la Casa de los Aromas, fue el lugar perfecto para reunirnos.

Con todo más o menos controlado emprendimos camino de vuelta, habíamos solucionado muchas cosas pero me volvía con algo en la mochila, unos nervios desorbitados porque todo saliera bien.

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